La crisis de identidad de Quetzalcóatl
“Uno de los dioses menores del panteón indígena, un puck oscuro y eternamente joven llamado Tezcatlipoca, cuyo nombre significa “El espejo humeante”, les dijo a los otros demonios. “Visitemos a Quetzalcóatl, y llevémosle un regalo”. Se dirigieron al palacio del dios en la ciudad de Tula y le entregaron el regalo, envuelto en algodón. ¿Qué es”, se preguntó Quetzalcóatl mientras desenvolvía el obsequio. Era un espejo. El dios se vio reflejado y gritó. Creía que siendo un dios carecía de rostro. Ahora, reflejado en el espejo enterrado, vio su propio rostro. Era, después de todo, la cara de un hombre, la cara de la criatura de dios. Así, Quetzalcóatl se dio cuenta que al tener un rostro humano, debía, también, tener un destino humano”.
Carlos Fuentes: El espejo enterrado.

Dr. Octavio Islas Carmona
Director de Proyecto Internet-Cátedra de Comunicación Estratégica y Cibercultura.
Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.
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